El ocaso de las ideologías

Muchas conductas humanas son automáticas, son simples respuestas de supervivencia, regidas por la mente subconsciente. Otras conductas responden a hábitos adquiridos, pero, las conductas más importantes, como son aquellas en las cuales nos jugamos el éxito o el fracaso, provienen de la estructura mental profunda; de nuestra ideología, es decir, de aquellos principios, valores y creencias con los cuales nos identificamos. La ideología forma parte de la estructura mental de la persona y a través de ella percibe la vida, la sociedad y las relaciones. 

 

La ideología se basa en principios, creencias y valores intocables. Se imponen como algo absoluto, indiscutible y obligatorio, por lo cual, resulta inútil discutir sobre ideologías. Por la misma razón no es conveniente discutir sobre familia, patria o religión, porque toda crítica se percibe como un ataque a la propia identidad. 

 

En la medida en que las personas y los pueblos evolucionan, pierden fuerza las ideologías y se impone la realidad, la lógica, la democracia. La democracia es una forma de juego político, económico y social en el cual todos tienen los mismos derechos y las mismas oportunidades. A partir de ahí a cada uno le va según su capacidad y esfuerzo. 

 

Sin embargo, como aún estamos poco evolucionados, nuestras democracias son muy débiles y tienen mucho peso las ideologías. Cada ideología pretende imponerse a las otras con el fin de sobrevivir y ganar espacio, lo cual proporciona seguridad y muchos beneficios. Las personas se identifican con una u otra ideología de acuerdo a su filosofía o visión de la vida, y se unen para adquirir poder e imponerse. 

 

La ignorancia, la pobreza y las injusticias son el caldo propicio para las crisis sociales y para que adquieran fuerza las ideologías. En las sociedades civilizadas las ideologías han perdido fuerza en beneficio de una constitución que vela por el bien de todos. 

 

Como es lógico, toda persona debe ser fiel a sí misma y defender su ideología; sin embargo, entendiendo que cada cabeza es un mundo, que cada uno tiene su verdad y que todos vivimos juntos, necesitamos hacer un esfuerzo de tolerancia y aprender a convivir; pero la convivencia sólo es posible dentro de ciertas reglas en las que se respetan los derechos y libertades de cada persona. 

¿Qué hacer para superar toda clase de fanatismo ideológico? 

Es necesario combatir la ignorancia, la pobreza y las injusticias y crear conciencia en cada persona de sus derechos y también de sus deberes. La gente fanatizada está atrapada en su castillo mental y le resulta casi imposible entender las razones de los demás; por lo cual, la mayor responsabilidad recae sobre las personas libres; es decir, las personas no fanatizadas. 

Las personas ideologizadas tienen poco poder analítico y perciben el mundo a su modo, resistiéndose a aceptar cualquier otra interpretación que no coincida con la suya. En vista de que las personas ideologizadas no comprenden las razones de los demás es necesario recurrir a la persuasión

Lo primero es evitar caer en el terreno de la discusión, pues, las personas ideologizadas son expertas en conflictos, debido a que para ellas vale todo. “El fin justifica los medios” Macchiavello.

Es necesario utilizar el diálogo; sin embargo el diálogo resulta difícil cuando se convive con personas poco evolucionadas; pero es la mejor arma para hacerse respetar y para influir en los demás. El asunto es que, para ganar a través del diálogo hay que tener verdadera autoridad, la cual supone: autoestima, criterios claros y personalidad.

 

La forma más eficaz para ganarse a las personas fanáticas consiste en persuadir. La persuasión es emocional, supone la aceptación del mensaje, debido a la fe y confianza que despierta el interlocutor. Esto sólo es posible cuando existe empatía entre las personas, cuando funcionan en la misma onda.

Puede resultar fácil y rápido convencer a personas afines con nuestra visión de la vida, pero lleva tiempo en vencer la resistencia de quienes piensan distinto, sobre todo cuando se trata de valores, ideologías o intereses importantes, debido a que el hecho de aceptar nuevas ideas significa cuestionar el propio sistema de creencias y valores. Por esta razón es importante evitar herir los sentimientos cuando se habla de la patria, la familia, política, raza o religión, pues son temas muy sensibles.

 

Para convencer hay que hablar con la verdad. La verdad no necesita mensajeros, ella se impone por su propio peso.

Para persuadir hay que sintonizar con los sentimientos de las personas.

Para motivar al cambio hay que ofrecer una versión actualizada, dinámica y atractiva de las ideas y valores que deseamos comunicar. Las personas solo cambian, cuando comprenden que el cambio les trae beneficios.

Si logramos manejar estas tres cosas tendremos a las personas pendientes de nuestra palabra 

 

¿Cuál es la responsabilidad de las personas libres? 

 

Es importante desarrollar capacidad crítica para no quedar a trapado en ninguna ideología. Solo los hijos de la libertad pueden liberar a la sociedad de las cadenas que la oprimen.

Muchas personas “libres” se sienten seguras y no piensan en los demás. Ignoran que “Nadie ha nacido para ser el fin de sí mismo” Todo ser humano tiene un misión social y sólo en la medida en que las personas libres trabajen por erradicar la ignorancia, la pobreza y la injusticia, desaparecerán las ideologías y los fanatismos. 

 

Tú no puedes salvar al mundo pero sí puedes ser un mensajero del respeto, de la tolerancia y de la paz. Tú puedes y debes ser parte de la solución.

 

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    Lic. David Angulo de Haro

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