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Caso de Experiencia Cercana a la Muerte (ECM)

Tras la experiencia vivida con esta terapia, me invade un estado de Paz, ya tengo respuestas a lo que me preocupaba. Siempre fui “creyente” pero ahora puedo afirmar que los milagros existen. Desde que desperté del coma inducido, hasta el día de hoy, la experiencia ha sido muy dura, pero después de lo vivido en la terapia, ahora la veo preciosa. Está cambiando mi percepción de la vida y ahora tengo otras prioridades. Vuelvo a recuperar la ilusión, a creer en el amor, siento mucha paz y no tengo miedos.

Revelaciones a una mente racional

«Hace unos años creía firmemente que cualquier experiencia clasificada como sobrenatural tenía, en realidad, una base fisiológica completamente razonable y cuantificable. Apariciones, premoniciones… Todas debían tener alguna explicación lógica la cual se escapa a nuestro limitado razonamiento. Eso es lo que quería creer racionalmente hablando, claro está. Desde que tengo memoria, he tenido miedo de los entes conocidos como espíritus: “algo” que sigue vivo tras el fallecimiento de una persona. ¿Tenía motivo alguno para temerlos? No. Mi lógica, además, ni siquiera concebía su posible existencia. Pero el miedo seguía ahí. Viví durante años con esa sensación hasta que un día algo cambió. La advertencia de una amiga que sufría en ocasiones ciertos episodios paranormales, la sensación de terror a la hora de irme a la cama esa misma noche, un extraño sueño que se veía interrumpido por un rostro de una anciana la cual decía: “Despiértate” y, a continuación, un despertar entre convulsiones. Estaba confusa, perdida y completamente atemorizada. Algo estaba ocurriendo que no podía explicar. Sin embargo, intenté convencerme de que todo aquello debía tener alguna razón. Episodios similares de diferente índole comenzaron a ocurrir a partir de ese momento. Varios años después de que todo esto comenzara, me enteré del trabajo que Avelino estaba realizando y de los temas sobre los que estudiaba y escribía. Atraída por los testimonios de algunas personas que habían probado la terapia del alma y motivada por la posibilidad de encontrar algunas respuestas alternativas a los acontecimientos que habían cambiado mi vida en los últimos tiempos decidí probar dicho tratamiento. Llegué a su consulta y, después de contestar a las preguntas de rigor, me acomodé en el sillón. Avelino comenzó a hablarme con una voz suave y cálida hasta que entré en un profundo estado de relajación. Aunque al principio no ocurrió nada de renombrada importancia, en cierto momento de la sesión sucedió algo extraño: aunque permanecía con los ojos completamente cerrados, comencé a ver todo lo que me rodeaba con una claridad similar a la que habría percibido si hubiera observado la habitación con los ojos abiertos. Esta extraña condición fue ocurriendo intermitentemente a lo largo de toda la sesión. Poco después de lo anteriormente informado, comencé a hablar contestando las preguntas que Avelino me planteaba. Era yo la que contestaba, no había lugar a dudas; sin embargo, parecía dar respuestas que no sabía conscientemente. Aparecieron en mi mente ciertos conocimientos que había ignorado durante largo tiempo por estar situados en el plano inconsciente. Hablé principalmente de la existencia de personas destinadas a ir al mundo para conseguir la evolución energética de otras personas y de la presencia de cierto tipo de vida más allá del fallecimiento. Aunque estas afirmaciones me resultaban difíciles de aceptar desde el punto de vista racional, las mismas salían de mi boca como si estuviera pronunciando verdades universales; borbotones de palabras con poco sentido teórico pero un gran significado práctico. Sea como fuere, dicha vivencia me ayudó a descubrirme un poco más a mí misma y a entender la esencia del ser humano en sí misma.

Maya,

No encontraba sentido a su vida

Este es el relato de una mujer marcada por la vida. Ella buscaba respuestas en los círculos denominados espirituales. Vino hace poco a consulta y le pedí que escribiera su experiencia: «Si tuviese que describir mi vida lo haría como una vida triste, un cúmulo de problemas, dificultades y obstáculos a cualquier proyecto o sueño que haya podido tener. Ha sido una vida marcada, sobre todo, por los miedos: pánico a la gente a las aglomeraciones a no dar la talla y sentir siempre que valgo menos que nada, a los gritos, la violencia. En resumen, miedo a la propia vida. Reconozco y lo hago desde la luz que me ha aportado la terapia del alma, que estos miedos e inseguridades, impresos en lo más profundo de mi personalidad, son los que han impedido que sea capaz de superar los obstáculos que he ido encontrando en el canino, para realizar mis proyectos. A mis sesenta años, soy una mujer frustrada, triste y con pocas ganas ya, por qué no decirlo, de seguir viviendo. En este punto de mi vida, en el que necesito y pido tranquilidad y disfrutar de la cosecha realizada, me encuentro con una multitud de problemas y dificultades que me impiden avanzar. No negaré que, en más de una ocasión, mi única salida y mi pensamiento de forma obsesiva, me han llevado a plantearme el suicidio. Llegado este momento de no ver, de no encontrar una luz por ningún sitio, me encontré de frente con la terapia del alma. En principio, me negué pensando que sería una más, de las muchas terapias que pululan sobre todo en los ambientes “espirituales”. He probado algunas, pensando y deseando un cambio radical de vida, pero no ha llegado. Mi conclusión, hoy en día, es que, si no remueves y limpias a fondo toda la energía que arrastra tu alma, no consigues nada. Al fin, un día, decidí y pensé: “¿Por qué no? Total, ya está todo perdido. ¿Qué más da?”. Y me lancé a ello. Mi experiencia con la terapia del alma ha sido potente y muy profunda, pues a pesar de que solo llevo una sesión, el trabajo interno y el movimiento emocional e intelectual están durando un tiempo y seguirán dando pautas a trabajar durante un largo periodo. Lo que más me impresionó fue ver cómo el alma lleva consigo las vivencias, donde quiera que esté, y cómo estas vivencias marcan e imprimen de forma profunda nuestras relaciones actuales, nuestro modo de pensar y muestras emociones, pero también cómo en este tipo de terapia estas vivencias marcan e imprimen de forma profunda, nuestras relaciones actuales, nuestro modo de pensar y nuestras emociones; además, como en la terapia del alma, a la vez que revives y recuerdas experiencias pasadas, se te dan las herramientas y la capacidad de ver, cómo y dónde te están impidiendo avanzar en esta vida, unidas a la limpieza profunda que se hace en la misma sesión. Supongo que lo que se recuerda generalmente son vivencias duras. Al menos, así ha sido en mi caso, pero vivencias que te traen a la consciencia, a la misma vez que la experiencia traumática, el recuerdo de que somos energía, de que tenemos un enorme potencial para desarrollar y crecer… de que en realidad somos TODO. Agradezco mucho esta experiencia, porque a pesar de las dificultades y los problemas que surgen cada día, me está ayudando a encontrarme conmigo misma; a ratitos todavía, pero me siento en el camino. Los miedos siguen estando, al igual que la inseguridad, pero estoy aprendiendo a fluir, a no luchar contra ello, sino a sentir que no son tan reales, nada lo es. El SER que soy es más fuerte que todo ello. Poco a poco voy aprendiendo a contactar más con él y a dejarlo fluir, a través de la meditación. Siento que estoy aprendiendo a VIVIR, sin más. Esta terapia, ha traído a mi memoria y a mi conciencia que: no somos humanos, teniendo experiencias espirituales, sino más bien al contrario: somos seres espirituales, viviendo experiencias en un cuerpo humano. Gracias.»

M.ª Carmen,

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Account Manager

Lilian Macario

Developer

Miguel Andres

Photographer

Anna Morris

Art Director

Stephanie Dixon

Illustrator

Noe Chiang

Illustrator

Peter Byrne