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Testimonio ``Revelaciones a una mente racional``

Maya es una chica estudiante de medicina que, habiendo tenido experiencias, raras para ella, quiso acudir a una terapia del alma. Este es su testimonio.

 

Maya dice:

«Hace unos años creía firmemente que cualquier experiencia clasificada como sobrenatural tenía, en realidad, una base fisiológica completamente razonable y cuantificable. Apariciones, premoniciones… Todas debían tener alguna explicación lógica la cual se escapa a nuestro limitado razonamiento. Eso es lo que quería creer racionalmente hablando, claro está. Desde que tengo memoria, he tenido miedo de los entes conocidos como espíritus: “algo” que sigue vivo tras el fallecimiento de una persona. ¿Tenía motivo alguno para temerlos? No. Mi lógica, además, ni siquiera concebía su posible existencia. Pero el miedo seguía ahí.

Viví durante años con esa sensación hasta que un día algo cambió. La advertencia de una amiga que sufría en ocasiones ciertos episodios paranormales, la sensación de terror a la hora de irme a la cama esa misma noche, un extraño sueño que se veía interrumpido por un rostro de una anciana la cual decía: “Despiértate” y, a continuación, un despertar entre convulsiones. Estaba confusa, perdida y completamente atemorizada. Algo estaba ocurriendo que no podía explicar. Sin embargo, intenté convencerme de que todo aquello debía tener alguna razón. Episodios similares de diferente índole comenzaron a ocurrir a partir de ese momento.

Varios años después de que todo esto comenzara, me enteré del trabajo que Avelino estaba realizando y de los temas sobre los que estudiaba y escribía. Atraída por los testimonios de algunas personas que habían probado la terapia del alma y motivada por la posibilidad de encontrar algunas respuestas alternativas a los acontecimientos que habían cambiado mi vida en los últimos tiempos decidí probar dicho tratamiento.

Llegué a su consulta y, después de contestar a las preguntas de rigor, me acomodé en el sillón. Avelino comenzó a hablarme con una voz suave y cálida hasta que entré en un profundo estado de relajación. Aunque al principio no ocurrió nada de renombrada importancia, en cierto momento de la sesión sucedió algo extraño: aunque permanecía con los ojos completamente cerrados, comencé a ver todo lo que me rodeaba con una claridad similar a la que habría percibido si hubiera observado la habitación con los ojos abiertos. Esta extraña condición fue ocurriendo intermitentemente a lo largo de toda la sesión.

Poco después de lo anteriormente informado, comencé a hablar contestando las preguntas que Avelino me planteaba. Era yo la que contestaba, no había lugar a dudas; sin embargo, parecía dar respuestas que no sabía conscientemente. Aparecieron en mi mente ciertos conocimientos que había ignorado durante largo tiempo por estar situados en el plano inconsciente. Hablé principalmente de la existencia de personas destinadas a ir al mundo para conseguir la evolución energética de otras personas y de la presencia de cierto tipo de vida más allá del fallecimiento. Aunque estas afirmaciones me resultaban difíciles de aceptar desde el punto de vista racional, las mismas salían de mi boca como si estuviera pronunciando verdades universales; borbotones de palabras con poco sentido teórico pero un gran significado práctico. Sea como fuere, dicha vivencia me ayudó a descubrirme un poco más a mí misma y a entender la esencia del ser humano en sí misma.